sábado, 14 de julio de 2012

No soy ateo por creer que Dios es mentira. De hecho, la frase "soy ateo", como que no me convence. El ateísmo no es nada, no me representa, no me define. No tiene absolutamente nada que ver con lo que soy.

Es simplemente una palabra que se usa para explicar, sintéticamente, que no comparto eso que tanta gente sí. Es un invento semántico, no un adjetivo. Insisto, no es nada. Es, para mi, como no ser hincha de ningún club de básquet, o no ser seguidor de ningún artista plástico, o no interesarme en la filatelia. Por eso no me cierra incluir al ateísmo y a la idea de lo que "yo soy" en la misma oración.

No es porque me niegue, sino porque no me nace. No sé qué lleva a la gente a profesar una u otra religión, ni me preocupa averiguarlo. Sea lo que sea, yo no lo tengo. No está, como tampoco están la pasión por el básquet, el amor hacia la escultura, la obsesión por las estampillas  y tantas otras cosas que me son absolutamente ajenas.

No comparto la idea de que la religión sea sinónimo de ignorancia, comercio o manipulación (es el ser humano el que es sinónimo de todo eso, y la religión solo es algunas veces su herramienta, como prácticamente todo lo que existe) . No soy de los que se molestan con quienes creen porque creen. Mucho menos de los que se sienten más inteligentes por no creer (si me dan bronca los genocidios y la hipocresía, pero eso es otra cuestión).

Es irónico tomarme cinco párrafos para explicar porqué algo no tiene la más mínima relevancia para mí. Pero creo que nunca lo había dicho, y ahora estoy al pedo.


Saludos. . .

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